La videonarración de la vida de una persona puede convertirse en la película más inspiradora, emotiva y cautivadora que cualquiera haya mirado.

 

Creamos pequeñas películas de vida, a veces como homenaje a otros y, en ocasiones, para que tú mismo cuentes tu propia historia y la proyectes, a lo mejor, en tu fiesta de cumpleaños. No es presunción, es contarle a los demás cómo ha sido tu vida, pues pocas cosas hay más importantes que nuestras historias.

 

Es un recurso idóneo para conocer a la gente, que sirve también mucho en las oficinas, no sólo para los que trabajan a distancia, sino para saber quién es realmente tu compañero de al lado.

 

A través de las videohistorias podemos expresar quiénes somos, a qué le tememos, qué deseamos, qué hemos hecho, qué nos hace falta y cuáles son nuestras fantasías.

El niño que no tenía miedo y el hombre que tiene luz.

100 años vuelan: la historia de María de la Luz Herrera Ramírez.

Jorge Jiménez: mis primeros 50 años.

El hombre al que nadie vio correr el Maratón de Nueva York, excepto su hija.

Los 75 años de Pepe (ya me voy a Tepa, Güero).

El curioso caso de Emilio Lezama…